7 de diciembre de 2007

HeroQuest IV: La Última Mano (I)

Peril Thaborn, el viejo cronista había pedido a Faramis, el cazador hombre-puma y a Pavelt, el pastor de Esrolia que fueran a su casa porque tenía que contarles algo importante. Curiosamente, ese mismo día apareció Aqueón, el soldado dara-happano, en su puerta para pedirle información sobre un hombre.
Antes de la llegada de Faramis y Pavelt, Peril se comprometió a preguntar a algunos caballeros que conocía sobre si se había avistado algún regimiento de Dara Happa por el Paso del Dragón.

Cuando los cuatro se hubieron reunido, el anciano les confesó su preocupación: un amigo de la juventud llamado Moroitan había aparecido asesinado esa mañana. Moroitan era un estudioso de la Iglesia Cerise que había llegado de visita a Madross para algo muy importante, aunque no le concretó a Peril el qué.
El trío se comprometió a ayudarle y se pusieron manos a la obra, con la promesa de que contarían con la ayuda de la Guardia de la Ciudad, que respetaban a Peril.

Al llegar a la escena del crimen, una calleja solitaria, descubrieron que el fallecido se alojaba en una posada cercana llamada “El Alto en el Camino”. Tras algunos problemas con Mesinda, la dueña, tuvieron libre acceso a la habitación individual de Moroitan. Además, Mesinda les informó del raro comportamiento del sujeto, que pidió expresamente una habitación que diera al oeste, permanecía despierto hasta altas horas de la noche y salió corriendo tras un hombre de aspecto extranjero cuando le vio hace 3 días.
Cuando examinaron la habitación, sólo encontraron una extraña baraja de cartas en un bolsillo oculto de su ropa.


¿Sería este el extraño viajero?

Tras examinar el cadáver de Moroitan y descubrir que fue acuchillado, el trío decidió investigar sobre las cartas. Investigando en la pequeña biblioteca histórica de Peril, encontraron varios datos sobre la anciana baraja (ver Epígrafe)

Al día siguiente, otro muerto apareció en una taberna muy cercana a la Posada del Alto en el Camino. La víctima era el dueño del local, que había sido descubierto tirado en una mesa en el sótano sin muestras de violencia. El chico que trabajaba con él confesó que iba a participar en una partida donde planeaba ganar mucho dinero.

El día siguiente, otro muerto apareció en una posada al otro lado de la ciudad. Mientras, Pavelt y Faramis seguían investigando entre libros y pergaminos, Aqueón fue a visitar la escena del crimen en la que descubrió que un hombre de ropajes oscuros había aparecido muerto, con un extraño cuchillo clavado en el pecho y otra baraja minarky en el bolsillo, en la habitación donde se alojaba ¡un enano!. La gente había oído ruido esa noche, pero no había ni rastro del enano.
En un golpe de suerte, Aqueón encontró a un grupo de mercenarios que conocía de alguna guerra anterior y les pidió que le ayudaran a buscar al enano. Sin mucho interés, sus antiguos compañeros aceptaron.

Enano típico

Al día siguiente, fueron dos muertes las que se descubrieron. Aqueón se encargó de investigarlas. La primera era: Bulluine, un pescador fluvial solitario que vivía en su barca y a veces hacía de transportista para algún mercader. Un compañero pescador le encontró ahogado río abajo, atado a su barca.
El otro muerto era un jardinero hendreki que trabajaba en los Jardines de Santa Enalda (una versión de la Diosa de la Tierra convertida al monoteísmo). Sus compañeros comentaron que tenía deudas y que una mujer de buen aspecto que podía ser su deudora le había invitado a una partida de cartas que podía librarle de su deuda y poder volver a las colinas con su familia.

Al mediodía, y tras debatir junto con Peril los posibles patrones de las muertes se fueron a comer, dónde les visitó uno de los antiguos compañeros de Aqueón, que les informó que el enano se encontraba escondido en el edificio del mercado de la ciudad…

EPÍGRAFE:

La Baraja Minarky: Baraja de cartas originaria de tiempos del Imperio de Osentalka, caída en desuso en la actualidad. No es mágica, pero es poderosa. Esta formada por 52 cartas distribuidas en cinco palos y dos comodines. Cada uno de los palos representa a uno de los cinco elementos, mediante sus runas del uno al siete y por tres figuras de dioses (el equivalente de sota, caballo y rey). Los dos comodines son una única runa del Caos. Las figuras son (en orden de valor equivalente a sota, caballo, rey):
- Fuego: Yelmalio, Lodril y Yelm (el elemento masculino por excelencia)
- Tierra: Voria, Gorgorma y Ernalda (el elemento femenino por excelencia)
- Agua: Wachaza, Triolina y Magasta.
- Aire: Toro Tempestuoso, Vinga y Orlanth
- Oscuridad: Xiola Umbar, Zorak Zoran y Kyger Litor.

Tras la derrota de Arkat y el fin de la Primera Edad se buscaron y destruyeron todas las barajas de cartas minarky que se encontraron así como la literatura relacionada con ellas. Fabricarlas y poseerlas se castigaba con la muerte. Sólo se olvidó su importancia cuando habían desaparecido aquellos que conocían todo su poder. Se cree que las barajas actuales tienen menos cartas que las primitivas y que sólo pueden alcanzar su máximo potencial en manos de una persona de gran poder.

Hace 400 años, en Seshnela, el Obispo Rustem, al que después se llamó Obispo Negro, encontró entre las pertenencias de un nigromante al que acababa de quemar una baraja de cartas minarky, incompleta pues no tenía ninguno de los 15 poderes mayores.
Las posibilidades de las cartas corrompieron a Rustem, que las usó para llevar a cabo actos horribles, como convertir a caballeros y sacerdotes en peones sin voluntad, arrancar el alma de los vivos y abrir portales a otras planos. Se dice que también las usaba para jugar partidas con sus aprendices y algún joven desgraciado que perdía sus años de vida. Cuando el Arzobispo excomulgó a Rustem y lo detuvo y ejecutó, sus aprendices escaparon, llevándose la baraja con ellos.

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