11 de mayo de 2011

BW II. El Laberinto Arbóreo

Habíamos dejado a nuestros héroes en plena discusión, en lo más profundo de la tumba...


Finalmente, Sirnias no se atrevió a hechizar a su compañero rátido y finalmente los cuatro aventureros se atrevieron a recuperar el ataúd de Namaroth, aunque Isar, el enano artífice, no quiso participar en el saqueo.


Gowar aprovechó toda su agilidad rátida para descender al pozo, esquivar a los escorpiones y atar una cuerda al ataúd. Luego, los tres exploradores subieron la caja de madera y fue Sirnias el que se encargó de abrirla. Dentro, junto a un esqueleto convertido casi en polvo, encontró un tubo de pergamino y un extraño orbe cristalino. Cuando lo tocó, una presencia maligna intentó adueñarse de su cuerpo, y aunque pudo imponerse a duras penas, supo que había quedado poseído por el espíritu del hechicero Namaroth.


Tras el shock, y de vuelta a la sala de los tres guardianes, Alanna no pudo evitar saquear las dos tumbas que quedaban abiertas, ocupadas por un monje momificado y el esqueleto de un caballero de roída armadura que cobraron vida cuando se hicieron con sus reliquias funerarias. Isar no dudó en defender a la joven, pero cayó ante la fuerza de la momia, y fue la acción combinada de Gowar y Alanna lo que acabó con las criaturas muertas vivientes.


Como consideraron que aún no había tenido suficiente, planearon sacar la gema del ojo del rostro pétreo, en la habitación con el foso. Gowar logró saltar el pozo de estacas, pero al intentar extraer el rubí, se hizo añicos.

La tumba había sido saqueada por completo, así que decidieron volver a Selgaunt, pero la cosa no iba a ser tan fácil.




Tras dos días de viaje a través del bosque, Gowar tuvo que admitir que se habían perdido. Una extraña bruma les confirmó que algo extraño estaba ocurriendo, y pronto la niebla les separó a unos de los otros, dejandoles solos en mitad el bosque.

Por un lado, Isar tuvo un encontronazo con un burlón elfo explorador y acabó como rehén.

Por el otro, Sirnias comenzó a oir la voz de Namaroth en su cabeza, tentándole con su poder y sabiduría.

Y finalmente, Gowar y Alanna cayeron presas de un hechizo de sirena que les enredó en una enorme telaraña. Allí, Gowar soñó con una escena de su pasado en el que su padre le reñía por no trabajar lo suficientemente duro para su familia, y Alanna tuvo un sueño en el que estaba encerrada en unas mazmorras de Selgaunt y los guardias le llevaban hasta Karathos Malaster, que ordena su muerte.
Al despertar, no se sorprendieron al ver a una araña gigante preparándose para devorarles. Gowar quedó envuelto en un capullo, pero Alanna logró alcanzar su cuchillo y matar a la araña antes de que fuera demasiado tarde.

Mientras tanto, Isar llegó a un pueblo de elfos donde su líder Lostariel le pidió disculpas por el trato, pero fue la única que se portó amigablemente con él. Tras pasar la noche en una choza, se marchó en busca de sus amigos, aunque Lostariel le ofreció la guía por Elendir, el presuntuoso elfo que le había capturado.

Sirnias, por otro lado, cedió a las tentaciones de Namaroth y consintió dejar que controlara su cuerpo durante una semana a cambio de que compartiera luego sus conocimientos.

Y Gowar y Alanna se encontraron con un peculiar anciano llamado Heb Fuegoinfernal, que parecía buscar a Sirnias con urgencia. No quiso su compañía, pero les advirtió de que ellos dos había caído víctimas de la maldición del Otso, que encerraba a sus asesinos en el bosque donde vivió como castigo. Gowar intentó seguirle, pero Heb aceleró el paso y Alanna no pudo seguirles, así que el rátido se rindió y se quedó junto a la joven, atrapados para siempre en el bosque de Cormanzhor.
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