11 de julio de 2014

Mi camino a la Ronda

Admito que, en el pasado, he prestado más atención a los juegos indies del extranjero que a los patrios. Supongo que algo de elitismo y autodesprecio habría, pero sobre todo el motivo de ello era que, sencillamente, no me llamaban la atención.

Pero NUNCA MÁS. Entono un mea culpa. Y no es que yo me haya vuelto más listo, sino que, por si algún rolero lleva cinco años metido en un dungeon, los juegos de rol españoles están demostrando una calidad asombrosa. Y no solo hablo de los juegos gratuitos (que creo que son un bien necesario que nunca debería desaparecer) sino de juegos cuyo autores han decidido apostar por sus creaciones y publicar sus juegos.

Es indudable que los Aventureros de la Marca del Este establecieron una cabeza de playa inmejorable, pero para mí, el momento álgido en la historia reciente fue ese primer crowdfunding de Rodrigo García: La Puerta de Ishtar. En su momento, me perdí el proceso de mecenazgo, pero en cuanto pude, me hice con el juego en la tienda. Y qué gozada de reglamento. Más allá del mundo, que me gusta y me hace imaginar, me encantó ver esas mecánicas, que aunque me eran familiares, tenían mejor aspecto que nunca.

Luego han pasado otros grandes proyectos, que me han gustado o me han dejado indiferentes (quizá por mi tonta obsesión por los sistemas de juego personalizados), pero a los que todos veo como algo positivo, con la sensación de que no podemos sino ir a mejor.

Y hace poco, y por fin llego al tema en cuestión, ha empezado el crowdfunding de Ablaneda. Un juego amateur, patrio, sencillo y humilde. Y muy bueno.





Ablaneda es un juego de rol honesto. Y por mucho que tenga muchas fuentes de inspiración, su autenticidad es fantástica. Su lenguaje, su estilo y su objetivo son característicos y te enganchan a la primera.

Pero no sólo su contenido es bueno, sino que el continente le sigue a la zaga. Sin haber visto aún el libro físico, la maquetación es muy digna y todo el proyecto de Verkami es todo lo sólido que podría ser. Me gusta sobre todo el hecho de que rompa con la norma no escrita de que todos los juegos de rol publicados en formato físico deben ser obras artísticas llenas de color (con perdón de ConBarba). Lo importante es que tenga alma.

Lamento no poder reseñar más profundamente Ablaneda, porque no he podido jugarlo. Y no sé si lo jugaré alguna vez, pero puedo asegurar que lo leeré varias veces. Y en esta época en la que parece que hay más lectores que jugadores esta puede ser una virtud muy a tener en cuenta. Pero el caso es que no quería dejar de recomendar este mecenazgo, que promete ser el primero de un montón de juegos que merecerán la pena jugar.


Bueno, ¿y qué demonios? Puede que hasta yo me anime a publicar algo...
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