20 de abril de 2015

Juego de Tronos: Saliendo del canon


Aunque Aelies no tenía dudas del camino a seguir, Dossomo y Talorc insistieron en buscar a Lenn, así que el Targaryen les concedió dos días.

Lo que en realidad había sucedido era lo siguiente: Lenn, unas horas después de quedarse a solas, recibió la visita de tres lobos salvajes. Aunque consiguió repelerlos durante unos instantes, descubrió que no estaban solos: dos docenas de salvajes les acompañaban, dirigidos por un tal Varamyr Sietepieles. Ante tal situación, se dejó atrapar y comenzó el viaje hacia el Valle de los Héroes, río abajo.

Mientras tanto, el Viejo Oso no se tomó a broma el peligro del Cuerno de Joramun, que decía la leyenda que podía despertar a los gigantes y derribar el Muro. El Lord Comandante ordenó a Aelies que organizara una expedición de una veintena de hombres en busca de ese Valle de los Héroes y recuperara ese Cuerno, si es que existía. Durante el camino al Valle, con un par de días de retraso por detrás del grupo de Varamyr, Talorc se encontró con los Guardias. Al parecer, Dossomo se había negado a abandonar la búsqueda de Lenn, se separó para seguir el rastro y desapareció. No les quedó más remedio que seguir río abajo hasta el valle.

Durante el camino, Lenn hizo amistad con Varamyr y para cuando se internaron en el remoto valle, Varamyr ya le había propuesto cambiar la capa un par de veces. Sin embargo, el líder de los savajes de allí, un thenn brutal y sanguinario llamado Bor El Astillado no opinaba lo mismo. Enarbolando su enorme rompecabezas estuvo a punto de destrozar a Lenn, pero el astuto estafador utilizó toda su labia y salvó la vida al cambiarse de bando. Traicionaría a los suyos, pero seguiría con vida, como llevaba haciendo toda su vida. Una vez convertido en un hombre libre, descubrió los planes de los salvajes en el valle: sabían que el Cuerno de Joramun se encontraba enterrado en este valle, conocido por los múltiples túmulos que albergaba. La gente de Bor había encontrado uno de los túmulos, se habían asentado allí y habián comenzado a excavar dentro y en los alrededores.

Mientras tanto, la Guardia de la Noche había llegado al valle y había encontrado un pequeño túmulo en cuyo interior se encontraba un mapa de la región. También hablaba de la existencia de cinco grandes túmulos, en uno de los cuales se encontraba el Cuerno. Pero el mapa sólo señalaba cuatro. Algo fallaba. Antes de seguir investigando esto, exploraron los alrededores y encontraron el campamento salvaje, y a Lenn con él. Lord Aelies, enfurecido, ordenó a sus hombres prepararse para la batalla. Era la hora de la guerra.

Unas horas antes de la batalla, Varamyr visitó a Lenn durante su habitual jornada de cavar y cavar. Se alejaron de la población, acompañados de los animales de Varamyr. Allí, el cambiapieles le ofreció participar en la búsqueda del Cuerno por su cuenta, con la ayuda de dos aliados suyos: dos gigantes. Obviamente, Lenn aceptó y marcharon al oeste, en busca de otro de los túmulos.


Mientras tanto, la Batalla del Valle de los Héroes había comenzado. En inferioridad numérica, los 20 guardias de la noche tenían pocas esperanzas contra el medio centenar de salvajes, pero esperaban pillarles desprevenidos. Lamentablemente, no tuvieron suerte. Tras un comienzo esperanzador, el salvaje liderazgo de Bor y altas dosis de desorganización entre los Guardias llevaron a la brutal derrota de los cuervos. Talorc, con menos de la mitad de sus hombres con vida, no tuvieron más remedio que huir. Aelies se encontraba entre los guardias derrotados. Fue capturado y torturado por Bor durante días hasta que Talorc logró rescatarlo tras reorganizar un poco a sus hombres.

Al otro lado del valle, Varamyr, sus animales, dos gigantes y Lenn habían llegado a uno de los grandes túmulos. Los gigantes les abrieron paso al interior y Varamyr y Lenn exploraron la tumba. Mientras el cambiapieles intentaba leer las escrituras de la paredes, el cambiacapas se coló por una rendija a una caverna subterránea. Allí, al fondo, una figura sombría reposaba en un trono de hielo. Cuando Lenn se acercó a él, sus ojos azules se abrieron y desapareció de entre las sombras. El pánico se adueñó del joven y emprendió la huida. Lamentablmente el Otro era más rápido y le clavo su espada entre las costillas, dejándole malherido. En ese momento, un milagro tuvo lugar: la caverna se derrumbó detrás de Lenn, mientras huía, sepultando a su perseguidor antes de que pudiera rematarle. Sabiamente, todos decidieron huir de la zona, a sabiendas de que había despertado un terrible mal.


COMENTARIOS

A veces, una campaña surge de la idea más pequeña. Y así fue con esta. Una de las frases que más me inspiraron de CdHyF es una de Ygritte, en la que narra como tuvieron que recorrer valles, excavando tumbas en busca del Cuerno de Joramun y despertando horrores hace tiempo olvidados. Básicamente, en eso consistía el núcleo de mi campaña: una especie de hexcrawl en forma de valle donde los jugadores tuvieran libertad casi total para hacer lo que quisieran: explorar túmulos, esconderse, luchar con salvajes (y otros seres). E incluso había un pequeño enigma mazmorrero sobre la ubicación de la última tumba.

Para mí era importante dotarle de tantos elementos de las novelas como fuera posible, pero sabía que llegaría el momento de que los PJs tenían que andar por libre, y la leyenda del Cuerno de Joramun se convirtió en la excusa perfecta. También quería meter a un salvaje reconocible y dado el papel menor que tienen Varamyr en los libros pensé que no pasaría nada por cambiar de lugar a este exótico personaje.

Una de las cosas importantes de esta etapa es que tuvo lugar nuestra primera batalla. Fue a pequeña escala pero fue bastante divertida y, al contrario que las escaramuzas, las batallas tienen reglas francamente chulas y coherentes. Lástima que los jugadores tuvieran tan mala suerte.

Por último, puede que algunos lectores ya se hayan escandalizado con el hecho de que los PJs se había separado en dos bandos opuestos... pero ya hablaremos de eso el próximo día.

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