6 de abril de 2009

Hable con ellos

Los juegos de rol son asombrosos. No se parecen a nada que haya conocido. Es fácil explicar qué es el baloncesto o el parchís. El concepto de "juego de rol" no están ni mucho menos tan definido, y dentro de él pueden situarse una infinidad de variantes: rol en vivo, freeform, rol de mesa, rol por foro, story-game...

Sin duda, los juegos jipis han sido los que más han contribuído a ampliar este concepto, explorando nuevas posibilidades con mayor o menor éxito; estos juegos son los que sin duda más me han ayudado a conocer qué quiero hacer cuando juego al rol.

Típicamente, todos comenzamos a jugar al rol rodeados de unos pocos amigos adolescentes y con un manual de D&D o El Señor de los Anillos en la mesa. Aunque la primera partida es importante a la hora de definir el sistema social que tomará el grupo, todos hacemos más o menos lo mismo. Te metes en el personaje e intentas matar monstruos lo mejor que puedes. Conforme pasan las sesiones, algo va cambiando: surge la competitividad, un jugador hace una interpretación increíblemente emotiva o un máster vago permite que la sugerencia de un jugador de que el tabernero sea un enano tuerto se haga realidad. Estos cambios son ligeros y todo el grupo se adapta a ellos. Habitualmente, al cabo de muchos años el grupo de juego se ha estancado en un estilo de juego concreto y así se queda.

En otras ocasiones puede haber un cambio más brusco. Esto puede ser que alguien nuevo llegue a un grupo de juego distinto, o alguien lee un juego que le activa algo en la cabeza. O las dos cosas, como me pasó a mí. Entonces pueden (y sólo pueden) surgir problemas, pues resulta que a una persona le gusta un componente determinado de todo ese conjunto que es el rol y al resto otra. Alguien no lo va a pasar tan bien como le gustaría... y el resto tampoco.
¿Que querías hacerte amigo del oso? Vete a casa, narratidiota.

Curiosamente, este problema tiene una solución más que sencilla: hablarlo como personas adultas. Posiblemente, alguna parte ni siquiera sea consciente de qué componente del rol están priorizando o cual prefieren, pero sus tendencias están ahí, siempre. Cualquiera que note alguna disfuncionalidad puede sacar el tema y preguntar qué le gusta a cada uno y cómo podemos orientar el juego de forma que se satisfaga a todo el mundo.

De hecho, esta práctica puede llevarse a cabo en cualquier grupo de juego, sin que haya ningún problema patente. Saber qué es lo que te gusta y les gusta a tus amigos en un juego de rol es un dato realmente interesante y que puede resultar muy útil.

Así que ya sabe, señor Máster, si quiere mejorar sus sesiones de rol hable con sus jugadores; hable con ellos.

Por supuesto, queda el asunto de saber cómo definir qué es lo que más te gusta de los juegos de rol, pero eso es tema del próximo post, en el que me embarcaré en el tortuoso asunto de definir a mi manera el Modelo GNS y demás gaitas.
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