5 de octubre de 2008

Polaris: La búsqueda del Rey (I)

Hace mucho tiempo, las personas estaban muriendo en el extremo del mundo.

Pero no todo estaba perdido, porque Arrakis aún escuchaba la canción de las estrellas; y así fue como el Caballero de la Orden de las Estrellas estaba junto a su hermano Corvus y el capitán Procyon planeando la batalla que se iba a librar contra los demonios del Error. Los dos hermanos eran dos prometedores estrategas, pero Procyon ordenó a Arrakis que se adentrará con un escuadrón y sirviera como cebo. A pesar del peligro, Arrakis pidió a Corvus que le acompañara. La patrulla se adentró en la tormenta de nieve, escuchando voces en la oscuridad. De pronto, uno de los soldados del pelotón atacó a Arrakis, poseído por un demonio del corazón y el alma. Tras matarlo, otro soldado resultó poseído y lograron capturarlo, no sin antes perder a dos hombres más y que Arrakis resultara gravemente herido. El capitán Procyon aún no había hecho sonar las trompetas que les indicaba que podían regresar, pero Arrakis decidió que debían volver.

Pero no todo estaba perdido, porque Fénix de Kaus Orión aún escuchaba la canción de las estrellas; y así fue como este intrépido explorador, que se preparaba para la batalla recibió la orden de comandar a un equipo en busca del grupo de Arrakis, que no había vuelto todavía del frente, a pesar de haber hecho sonar las trompetas. Así, el grupo partió, pero la cegadora tormenta aisló a Fénix de su escuadrón para luego encontrarse con el grupo de Arrakis, con éste último inconsciente por la herida sufrida. Pronto, dieron media vuelta para reencontrarse con la patrulla de Fénix, todos muertos. Uno de los hombres de Arrakis se reveló como poseído por un deminio, pero Fénix le partió en dos con su Espada de Luz Estelar. Y del interior del soldado surgió una masa negruzca que tomo la forma de una gran figura ensombrecida y que se presentó como La Sombra. El demonio intentó destruir a Fénix, pero éste usó su espada para emitir una luz cegadora con la que hizo desaparecer a La Sombra, aunque un pequeño fragmento de él se adherió inadvertidamente a la empuñadura de la espada de Fénix.

Pero no todo estaba perdido, porque Antares de la Kaus Borealis aún escuchaba la canción de las estrellas; y así fue como el caballero estaba leyendo un viejo libro en su biblioteca, que hablaba de un antepasado homónimo suyo, de gran valor que fue corrompido por su avaricia, cuando comenzó a oír voces demoníacas y ruidos horribles. Cuando su pequeña hija, Chara, entró en la habitación no pudo sino llorar de terror al comprobar que su padre estaba rodeado por una nube negra. Tras tranquilizar y domir a Chara, Antares volvió para descubrir que un libro que contenía una horrible runa y al parecer indestructible, contenía un mapa hacia un gran tesoro que podía proporcionar la forma de acabar con un poderoso demonio llamado el Terror Acechante; el mismo tesoro que corrompió a su antepasado.

Y así fue como Arrakis se despertó en una tienda de campaña, recuperándose de su herida. Su hermana melliza, Rasalas, apareció por la puerta, con el rostro compungido. Arrakis, que estaba enamorado de ella desde siempre, no pudo sino declararse, pero ella malinterpretó su mensaje y no se dió cuenta de que el amor de su hermano no se limitaba al fraternal. En ella había una preocupación más acuciante. Le confesó que se había prometido con un senador, de nombre Scorpius, de la ciudad cercana, pero había desaparecido en el camino. Arrakis, con gran dolor en su corazón, prometió a su hermana que encontraría a su prometido.

Y así fue como Fénix volvió a casa entre vítores y felicitaciones. Su madre, Hydra, le abrazó orgullosa, pero su hermano, Sadal Melik, celoso, compuso unas canciones que ridicularizaron a su hermano. Fénix, enfadado, comunicó a su hermano que madre había ordenado que él, Sadal Melik, iba a partir a la guerra mientras él descansaba en casa. Eso dio lugar a una discusión doméstica que acabó con la agria despedida de Sadal. Consciente de que pronto tendría que poner su vida en peligro, tomó la espada de su hermano y empezó a entrenar en el patio de atrás. La mancha negra de la empuñadura de la espada alcanzó la mano del joven y éste tiró la espada, asustado, y partió en silencio al frente, sin saber que una negra mancha se extendía ya por su brazo.

Y así fue como Antares viajó por la helada estapa junto a su escudero Furud hasta llegar a un viejo torreón. Bajaron por una trampilla hasta una gran caverna sin fin. Cruzaron un puente de piedra roto que cruzaba un abismo sin fín. Finalmente, llegaron a un muro de negrura que contenía una runa. Antares sabía que sería necesario bañar la runa en sangre para alcanzar el tesoro, pero que el donante resultaría poseído por el mal. Al final, decidió sacrificar a su montura, pero al volver a cruzar el puente, Furud cayó al vacío. Ahora solo, Antares rompió la runa y alcanzó la cámara del tesoro, lleno de piezas de gran valor, pero él sólo cogió un pergamino, que contenía el ritual para destruir al demonio. Sin embargo, debía realizar el ritual antes de que su hija cumpliera cinco años. Antes de mañana. Velozmente, se dispuso a realizar el ritual cuando oyó a voz de su escudero pidiendo ayuda. Al parecer, estaba en el findo del abismo en el que había caído, pero vivo. Antares decidió asomarse al abismo y en ese momento, el Terror Acechante apareció y arrojó al Caballero al vacío. Milagrosamente, sobrevivió a la caída, pero había perdido el pergamino para siempre.

Y así fue como Arrakis cabalgaba a lomos de su unicornio Monoceres en busca del senador Scorpius. Le encontró en una casa en ruinas, para descubrir que le había tendido una emboscada. Un puñado de hombres le atacaron, pero Arrakis se deshizo de ellos fácilmente. Persiguió al senador hasta la ciudad donde le apresó, acusándole de intento de asesinato. A solas, el senador le confesó que le había matado para quedarse con la herencia de toda su familia, pero en público proclamó su inocencia. Al final, Arrakis le retó a un duelo de honor. Scopius aceptó, pero eligió al capitán Procyon para que luchara en su lugar. Las espadas centellearon y los dos caballeros lucharon una contra el otro, pero la llegada de Rasalas interrumpió el combate. Una lucha dialéctica tuvo lugar entre Scorpius y Arrakis. Finalmente, Arrakis convenció a su hermana de su honestidad, pero no sin antes hacerla ver sus verdaderos sentimientos hacia ella. Arrakis comprendió que Rasalas nunca volvería a mirarle a los ojos, por lo que mató al vil senador Scorpius y se exilió para siempre de la ciudad.


Pero todo esto sucedió hace mucho tiempo, y ya no queda nadie que pueda recordarlo.
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