25 de febrero de 2008

Ataques de Oportunidad: Manuales Traicioneros

Bienvenidos a esta nueva sección, considerada el "Lo que me saca de mis casillas" del rol.
Hoy: ¡Odio esos manuales tan bonitos!

Odio esos manuales preciosos, llenos de estilo y frescura, que te inspiran y te hacen abstraerte de formas increíbles. Hablo de Quidam, de HeroQuest, de Trollbabe, de Dogs in the Vineyard, de Polaris, de Unknown Armies, de Midnight, de Marvel Universe RPG o de La Leyenda de los Cinco Anillos. Juegos que ofrecen un nuevo abanico de posibilidades y sorprenden gratamente.

Me ha pasado mil veces en el pasado y sé que me volverá a pasar. Según empiezo a leer uno de esos manuales mi imaginación se desborda y comienza a comerle terreno a la objetividad. Normalmente, a la mitad del texto ya puedo considerarme el mayor fanático de ese juego (que es el mejor juego del mundo, claro). No puedo reprimirlo.

Juego que no cuela número uno

En seguida, pongo los motores en marcha para preparar la mejor campaña que jamás se haya hecho. Pienso ideas, busco todo lo relacionado con el juego por internet, dibujo escenas o mapas que me haya inspirado el juego... Con suerte, no he iniciado la campaña cuando consigo recuperar la objetividad.

Porque, efectivamente, algunos de esos juegos son, simplemente, malos. Sí, inspiraron a un friki imaginativo, pero pueden tener un sistema y/o una ambientación insostenible y/o aburrida. O quizá no dejen de ser más de lo mismo.

Por este motivo, desde hace tiempo, siempre que termino de leer un manual me doy unos días de descanso. Intento pensar lo menos posible en el juego y tras ese par de días, le aplico una segunda lectura, bastante más objetiva que la primera. Tras esa lectura, muchas veces me doy cuenta, tras pensar en las posibilidades que ofrece el juego, de si me apetece jugarlo o no. Y esa suele ser la prueba definitiva, que todo Narrador debería preguntarse antes de nada: ¿Me apetece jugar a este juego o no?

Juego que no cuela número dos

Porque en ese momento, él es el que tiene más poder de decisión. Los jugadores no saben lo que ha descubierto el Máster y hasta que no lo lean o lo jueguen (y asimilen el sistema) ellos no tendrán el mismo derecho a opinar. Por supuesto, una vez consigan esto, la balanza cambia y son los jugadores quiénes deben decidir a qué jugar.
Mi grupo habitual de juego tiene una cantidad de juegos de rol bastante elevada y puedo decir con orgullo que no me he quedado estancado en D&D y Vampiro, sino que he debido probar medio centenar de juegos de rol. Y siempre he accedido a jugar a todo juego de rol que se me haya puesto a tiro, aunque no me sintiera atraído por él, como Aquelare, El Capitán Alatriste, el JdR o Séptimo Mar. Una vez jugados, algunos me han convencido, pero otros no (igual que muchos que me llamaban la atención no me convencieron en la práctica), y siempre que puedo elijo otra opción del bonito abanico que solemos tener en mi grupo.

Volviendo al tema, la verdad es que mi sistema funcionaba bastante bien hasta ahora. Últimamente, todos los nuevos juegos que leo me siguen gustando mucho incluso tras la segunda lectura (con la posible excepción de Trollbabe), lo que me lleva a pensar que o el sistema ya no funciona o tengo una racha de juegazos. Sólo la puesta en juego dirá la verdad; como siempre.
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