8 de abril de 2008

Al final, el infierno (III)

Lo que pasó en realidad

Alrededor de los artefactos suceden cosas paranormales. Es un hecho. El robo de tantos artefactos poderosos en la casa de Silverhand provocó la aparición de algunos demonios en la ciudad. Casualmente, tres de esos demonios eran tanatomantes, y decidieron unirse para invocar a más demonios en sociedad y atándoles a personas e incluso a cadáveres. En una semana, dos docenas de demonios estaban ocupando cuerpos ajenos.

Mientras Medianoche y Huston era fichados por la NI de forma fácil en vista del poco cuidado que tuvieron con los delitos que cometieron, John Ming recibió la última visita de su maestro, que antes de morir en manos de los tanatomantes le recriminó que nunca conseguiría nada como urbanomante. Aquello marcó sus últimos fallos en los demenmómetros de Violencia e Impotencia y se volvió loco y huyó en busca de ayuda.

Tras acabar con los tanatomantes con la ayuda de sus amigos John Huston e Irving y deshacerse de la amenaza de Madame Bianca, que les había encontrado a través de las premoniciones pornománticas, Ming vio en la caja su última oportunidad. Por supuesto, no pensó en sus amigos, ni en su familia, ni en el bienestar de la ciudad que tanto amaba. Las últimas palabras de su maestro resonaban en su cabeza con tanta fuerza que no oía nada más. Él era mejor que su maestro, él podía cambiar la ciudad. Y abrió la caja. Y llegó el infierno.

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