1 de abril de 2008

Eso decimos todos

Ayer pude disfrutar del último capítulo de la tercera temporada de una de las mejores series que he visto en mi vida: Battlestar Galactica (La versión de 2003, no la de Phoenix del Equipo A).


He de confesar que la serie ha ido perdiendo gancho según han pasado los capítulos y las temporadas. Los frenéticos y geniales primeros episodios de la primera temporada son realmente incomparables, aunque el tratamiento de personajes de los últimos capítulos es tan directo que da miedo, aunque eso afecte gravemente al desarrollo de la trama principal hasta casi pararla por completo durante varios capítulos. Aún así, es muy buena.

¿Pero de qué va esta serie? Pues no es una versión de Star Trek, tranquilos. Galactica 2003 es una versión-remake-homen
aje de la serie clásica homónima que conserva algunos conceptos y nombres de los protagonistas y se olvida de lo demás. En un futuro lejano, la humanidad convive en doce colonias planetarias. Hace años, una raza de robots creados por el hombre llamados cylons se revelaron y entraron en guerra con sus creadores. Con el tiempo se llegó a una tregua que duró hasta.. ahora.

De golpe y porrazo, los cylons aparecen con una enorme flota que destruye las 12 colonias de un instante. Sólo una estrella de combate, el Galáctica, y un puñado de naves civiles (que se convierten en los últimos supervivientes de la humanidad) sobreviven al ataque y se ven forzados a huir de los cylons a través del espacio.

Lo que comienza como un
survivor horror en formato ciencia-ficción se convierte en una serie que toca ampliamente temas como la política, la religión y el misticismo y la sociología. En BSG, los personajes no son héroes; son débiles, sucios, rencorosos y apasionados. Por eso se les coje tanto cariño. Y no sólo a los humanos, porque a los fríos cylons se les ha otorgado un toque de emoción. No son sólo lógicos robots, sino que piensan, sienten, padecen y se comparan con sus creadores humanos.

Porque Galactica es una muestra de que la
s series de televisión están superando a las películas cinematográficas. Tiene guiones profundos y complejos, llenos de matices. Los efectos especiales son simplemente espectaculares y el tratamiento de la cámara en el espacio es brillante (la cámara en movimiento constantemente pero sin cansar), lo que conduce a algunas batallas espaciales francamente buenas.

Vamos, que a todo aquel que le llame la atención un poquito la ciencia-ficción debería verla ahora mismo y disfrutar de personajes como Gaius Baltar o Starbuck.

Por cierto, hablando de Starbuck, tengo que admitir que me he enamorado de la sonrisa de Kara Thrace y, por degenerado que parezca, de la mirada de Laura Roslin.

Y ahora, vamos a hablar del último capítulo de la Tercera Temporada...

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He de confesar que esta temporada se me estaba haciendo un poco pesada, con demasiados capítulos que no parecían conducir a nada. Pero llegó el final. Primero, el capítulo de la muerte de Starbuck, con escena onírica dónde habla por última vez con el almirante Adama (pensaba que era un sueño por lo absurdo de la conversación) y esa escena final sin cadáver. Y sin cadáver no hay muerto. Luego comenten la osadía de dedicar casi dos episodios completos a lamentar su muerte cuando casi todos sospechabamos que Starbuck seguía viva. Y finalmente, llega el doble capítulo final, con esas escenas extrañas de personajes que buscan una música oculta en la nave, y ese juicio a Baltar en la que se produce una doble declaración. Primero, una justificación ante las conductas absurdas de algunos personajes y luego una autocrítica a esto mismo.

Y el doble cliffhanger final es increíble. Vale que el marido de Starbuck y la ayudante de la presidenta Roslin sean cylons, ¿a quién le importa? ¿Pero Jefe? ¡¿Y Tigh?! Unbelievable! Y por si eso no fuera suficiente, la última escena es el esperado regreso de Starbuck... ¡con la inesperada noticia de que ha estado en la Tierra!
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